miércoles, 12 de junio de 2013

Pocos perros transmiten una cantidad tan enorme de sensaciones a aquél que lo contempla como lo hace el Bulldog Inglés. Su apariencia le hace único, inconfundible, con unos trazos que dibujan poderosos y vistosos músculos allá donde se dirijan. Una anatomía desarrollada para un único y vergonzoso fin: ser letal en la lucha. Sin embargo, los años y el avance de la civilización y de la humanidad se han impuesto a aquellos orígenes, creando el Bulldog moderno, un perro en el que quedan pocos vestigios de aquello que le llevó a ser temido por cualquier animal que se pusiera delante suya, sólo algunos retazos de su figura, que también ha sabido evolucionar hacia lo que hoy es una raza que levanta verdaderas pasiones en los cinco continentes. En todo lo demás, el Bulldog Inglés es un perro totalmente diferente. Su mirada es todo menos amenazante. En sus ojos no encontraremos atisbos que recuerden sus orígenes, sino todo lo contrario, hallaremos entrega, complicidad y ganas de dar y recibir cariño.

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